He sido muy afortunado porque siempre he tenido la oportunidad de trabajar cerca de nuestra comunidad en mi país y fuera de el. También he sido muy afortunado por haber tenido el honor de representar a México en San José, California, un lugar fundado por mexicanos que a su paso marcaron la historia de una ciudad y de todos sus habitantes.
Ahora que mi misión como Cónsul General de México en San José, California está llegando a su fin he aprendido un aspecto muy importante de esta labor encomendada por nuestro presidente, he aprendido que solo tenemos derecho a mirar a otra persona hacia abajo cuando hemos de ayudarle a levantarse.
Han sido casi tres años en los que he conocido la problemática que enfrenta nuestra comunidad en California, una comunidad vulnerable que ha llegado a este país a levantarse, a buscar una mano que le apoye, que le escuche y que le de aliento en cada uno de sus días de trabajo en el campo, en la construcción, servicios, u otro empleo arduo que le exige vivir lejos de su familia y tierra.
Esta semana cuando escuché de nuestros senadores la ratificación de mi nombramiento como nuevo titular del Consulado General de México en Los Angeles, California, recordé cuando llegue por primera vez a San José en 2008, al mismo lugar al que arribó mi padre décadas atrás.
Hice un recorrido mes a mes y año tras año de cada experiencia, de cada día que escuché una y otra historia llena de sentimientos encontrados de personas cansadas pero satisfechas por tener un poco de dinero para enviar a la familia en México, por tener un empleo en esta situación de crisis que ha despertado ánimos de desesperación, pero nunca de derrota.
He compartido sus retos, los mismos que enfrentan todos los que emigran hacia la Unión Americana, de Norte a Sur, de Este a Oeste. Desafíos traducidos en metas y objetivos que me han transmitido por ese gran cariño a nuestra comunidad.
Metas como la educación, la salud, el empleo y principalmente la meta de verse un día regresando a su lugar de origen triunfantes y dispuestos a continuar su lucha en esa tierra que les vio nacer y que siempre les espera con los brazos abiertos.
En adelante, me esperan mayores retos en una ciudad considerada como la más poblada por mexicanos en la Union Americana, será una nueva misión que me exige también mantener la perspectiva de ayudar a nuestra gente, de crear aliados a su favor y de impulsar la buena imagen de nuestra nación.
Esta nueva encomienda en Los Angeles, California significa también una nueva oportunidad de seguir trabajando por los que más nos necesitan, los que cruzaron la frontera en búsqueda de nuevos horizontes, nuevos caminos que hoy compartiré con ellos.
Desde hoy reitero mi compromiso de seguir trabajando a la par de nuestros connacionales en Los Angeles y así lograr un México mejor, una nación por la cual luchar y agradecer día a día la fortuna de representar.




















