JAVIER ARCADIA GALAVIZ
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Bien se dice que en la democracia hasta con un voto de diferencia se gana o se pierde una elección, y eso indiscutiblemente que es muy cierto. Pero lo señalado viene a cuento por el reciente caso de Venezuela, ya que al conocerse los resultados electorales del domingo pasado en ese país, la diferencia fue mínima, de poco más de un punto porcentual entre el candidato presidencial ganador, Nicolás Maduro y el contendiente perdedor, Henrique Capriles.
Sin embargo, Capriles, impulsado por las fuerzas de derecha en ese país sudamericano, al sentirse derrotado reaccionó enérgicamente al manifestar que no reconocería el triunfo de su adversario, el chavista Nicolás Maduro, hasta en tanto no se llegue hacer un recuento de voto por voto, según él, por la sospecha de que tales resultados electorales se los pudieron haber cambiado. Es decir, no cuenta con evidencias objetivas de presuntas irregularidades, simplemente como diría alguien aquí en México, lo hace por “sospechosismo.”
Y bueno, lo de voto por voto, ¿dónde antes lo hemos escuchado? Como que eso todavía nos suena de una manera muy fresca en nuestra mente. ¡Ya nos acordaremos! Por lo pronto sigamos con Venezuela, y decíamos que Capriles exige el recuento de la votación, ello a sabiendas de que, en el remoto caso de aceptarse su exigencia, aún así sería muy difícil que se pudiera modificar sustancialmente el resultado electoral una vez que oficialmente fue dado a conocer.
No obstante, y como respuesta a esa guerra o embate de declaraciones políticas, Nicolás Maduro no se quedó atrás al contestar públicamente ese domingo que estaría dispuesto a que se hiciera el recuento de los votos, pero aseguró que al final ello le favorecería porque se incrementaría su votación con la que ganó.
Si en aquel tiempo, año 2006, aquí en nuestro país con nuestra propia elección presidencial, definida a favor de Felipe Calderón por una mínima fracción porcentual (0.56%), éste hubiera aceptado el reto que le lanzaba su opositor, Andrés Manuel López Obrador, de que se abrieran todas las urnas y se hiciera un recuento de voto por voto, muy posiblemente los resultados sí se habrían revertido, es decir, pudieron haber provocado que se cambiara al candidato declarado hasta ese momento como ganador, aunque suene a utopía, o al menos que se repitiera un proceso electoral viciado de origen, ya que no se puede negar que esa elección estuvo plagada de desastrosos abusos y de un sinfín de irregularidades.
Es por eso que Calderón jamás aceptó recontar voto por voto. En cambio, Maduro está dispuesto a permitirlo, porque sabe que su elección en lo posible es limpia y por tanto reviste legalidad.
Pero también, el hecho de que Maduro haya ganado de panzazo no le resta ningún merito a su legitimidad como futuro Presidente de la República Bolivariana de Venezuela. Sin embargo, tal circunstancia sí le prende de forma alarmante los focos rojos con relación a la vigencia del régimen chavista que ha heredado, más aún cuando Maduro en la carrera electoral sorprendido sintió que Capriles le pisaba los talones o como si cerca en la oreja le percibiera su respiración, ello porque es innegable que ambos contendientes casi llegaron parejos a la meta, lo cual implica que por el momento Venezuela está partida, justamente, en dos indistinguibles mitades.
Pálida tinta: Cómo andará de mal el PRD-DF, que ahora cualquier vulgar ambicioso cree que puede apoderarse con facilidad de dicho partido. Esto se comenta porque el señor Raúl Flores, ex Jefe Delegacional de Coyoacán anda que no puede ni concebir el sueño porque a toda costa pretende que sus padrinos, llámese Alejandro Encinas, Marcelo Ebrard o el Dr. Miguel Ángel Mancera, lo impongan como dirigente de ese instituto político a nivel local. Ante ello cabe señalar que hoy, en las actuales circunstancias políticas de debilidad por las que atraviesa el PRD, es cuando más se requiere de una persona con suficiente liderazgo, capacidad y conocimiento político amplio, no a alguien carente de discurso y capacidades que como un sepulturero este señor Flores solo vendría a echarle la última palada de tierra al PRD que se encuentra en franca decadencia, ya que su perfil indica que ha escalado en los cargos públicos con base en el para todo “sí jefe, sí jefe, sí jefe”, como quien dice practicante consumado de la abyección. La verdad que es el colmo que personajes de esa calaña y cinismo intenten oportunistamente colarse al PRD-DF, cuando este señor Flores debería primero de aclarar tantos cuestionamientos que de diversa índole le llegaron a hacer los vecinos de Coyoacán. En particular está obligado a explicar puntualmente el asunto de los permisos para construir en la calle de Céfiro 120, Colonia Pedregal de Carrasco, dado que el actual Jefe Delegacional de Coyoacán, Mauricio Toledo, en su momento señaló que fue su antecesor quien dio los permisos para esa obra levantada, supuestamente, en terrenos de uso común.




















