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Mamut: el gigante de la prehistoria llega al desierto

La muestra que despertó gran expectación en el Muref de Ciudad Juárez, donde fue visitada por *** personas ahora se presenta al público sonorense

En Sonora se encuentra el único sitio de caza de gonfoterio descubierto hasta la fecha en Norteamérica, denominado El Fin del Mundo

Luego de un exitoso periodo de exhibición en el Museo de la Revolución en la Frontera (Muref) Ex Aduana de Ciudad Juárez, Chihuahua, a donde acudieron más de 35 mil personas a admirar la exhibición Mamut: el gigante de la prehistoria, que presenta el esqueleto armado en pie del Mamut de Ecatepec; éste ejemplar de la especie más representativa de la Era de Hielo continúa su camino por el norte de México.

La muestra abre al público el día de hoy, en el Centro de Visitantes de la zona arqueológica Cerro de Trincheras, en la región del desierto de Sonora, a más de 220 kilómetros de Hermosillo.

La osamenta original de mamut, procedente de la Cuenca de México, fue rescatada, estudiada y ahora conservada por el Instituto Nacional de Antropología e Historia. Está compuesta por 132 piezas ?120 originales y 12 recreadas? armadas y montadas en pie para la exhibición del esqueleto completo, que corresponde a un adulto joven, macho, fechado por su relación con las capas del depósito de hace 10,500 años.

Para esta exposición, el Mamut de Ecatepec se acompaña de contenidos que detallan su existencia en el pasado prehistórico, bajo la asesoría académica de la Dra. Guadalupe Sánchez Miranda, investigadora asociada al Centro INAH Sonora, quien explica que uno de los grupos con amplia distribución en México durante la época del Pleistoceno fueron los proboscídeos (mamíferos con trompa), de los cuales había cinco especies:

Mamut colombiano (Mammuthus columbi), mastodonte americano (Mammut americanum) y los gonfoterios (Stegomastodon y Cuvleronius). El ejemplar en exhibición fue identificado como Mammuthus columbi, de los animales más grandes del planeta, con una altura superior a los cuatro metros y un peso de 10 toneladas. Necesitaba comer alrededor de 200 kilogramos de alimentos diarios y beber 250 litros de agua. Su gestación duraba 22 meses y posiblemente llegó a vivir alrededor de 80 años.

La especie más representativa de la era de hielo vivió en Norteamérica y se extinguió hace 11,000 años. Aunque es proboscídeo, no es ancestro del elefante moderno que alcanza tres metros de altura y pesa seis toneladas. Pero hace seis millones de años, compartieron un ancestro común.

En el recorrido museográfico se explica que los numerosos lagos y pastizales del centro de México, fueron el hábitat natural de esta especie, donde encontraba suficiente comida y agua para abastecer sus amplias necesidades. En esta región se han hallado por lo menos 120 ejemplares de mamut. Pero contrario a lo que uno se pudiera imaginar, en el desierto sonorense también se han descubierto dientes y defensas, así como restos de mamut por lo menos en 26  sitios paleontológicos en el estado.

Esto porque hace 13,000 años no existía el desierto de Sonora. De acuerdo a los estudios de reconstrucciones ambientales en el sitio La Playa, localizado a 10 kilómetros de Trincheras, la vegetación del ahora árido valle, estaba representada por una Savana de pastizales con yuca, táscate y encino, así como algunos pinos en los cerros. En ese ambiente mucho más frío y húmedo pudo vivir el gigantesco mamut, junto con otros herbívoros: bisonte, camello y caballo prehistóricos, de los que también se han hallado restos en La Playa.

La conformación del Desierto de Sonora fue una de las causas de su extinción, así como la presencia humana que los cazaba, explica la museografía. Asimismo destaca la convivencia que hubo entre los primeros pobladores de América y el gigantesco mamut. En Norteamérica y México, los arqueólogos han investigado 18 sitios de caza de megafauna, de los cuales  15 son sitios de caza de mamut y dos de caza de mastodonte.

En Sonora se encuentra el único sitio de caza de gonfoterio encontrado hasta la fecha en el sitio denominado El Fin del Mundo, a unos 50 kilómetros al sur de Trincheras, en el municipio de Pitiquito, donde se hallaron las evidencias de que una banda de cazadores Clovis establecieron un campamento y cazaron a dos gonfoterios.

El sitio es de 13,390 años antes del presente y representa uno de los hallazgos arqueológicos más importantes de Sonora para la historia del poblamiento de América.

Del 30 de agosto al 28 de octubre de 2018, el gigante de la Era de Hielo lucirá su monumentalidad en medio del desierto, en la Zona Arqueológica Cerro de Trincheras, representativa de la cultura Trincheras que existió en el sur de Estados Unidos y norte de México.


Continúa renovación del Museo de Sonora

museoCon ello se prepara para renovar el recinto museístico que opera en el ex presidio desde 1985 y constituye el resguardo del patrimonio cultural sonorense

El edificio era modelo de cárcel porfiriana; hasta 1979 sus celdas alojaron presos de sucesos como la huelga de Cananea y fue testigo del último fusilamiento en México

El “Puente del último suspiro” era durante la segunda mitad del siglo XIX, el preámbulo para ingresar a una de las cárceles más temidas en la historia de México, la de San Juan de Ulúa, en Veracruz; otra fue el “Palacio Negro” de Lecumberri, establecida en la Ciudad de México bajo la dictadura porfiriana, como prototipo del orden forzado y la represión de aquellos años, cuando el país vivió una hondonada de descontentos sociales, entre ellos la guerra del Yaqui.

En Hermosillo, Sonora, se concibió un sitio semejante: la Penitenciaría General del Estado de Sonora, donde este año, el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) inicia un macroproyecto de renovación integral museográfica y la obra de rescate e intervención arquitectónica para el uso cultural más importante de la institución en el estado, con una inversión de 12.5 millones de pesos para su primera etapa, informa José Luis Perea González, director del Centro INAH Sonora.

          Considerada uno de los monumentos históricos emblemáticos del norte de México y de los principales referentes arquitectónicos de Hermosillo, enclavado en las faldas del cerro de la Campana, la Antigua Penitenciaría de Sonora fue en gran parte construida con piedra extraída de la misma colina por manos indígenas yaqui de los barrios vecinos La Matanza y Las Pilas, quienes cortaban la piedra marmoleada del cerro para levantar los muros de lo que sería su prisión durante el proceso de deportación al sureste de México, como cautivos de guerra.

Se inauguró el 15 de septiembre de 1908, pero su desarrollo inició en 1902, como respuesta a lo que el Porfiriato consideraba el México insumiso, concebida como un sitio donde se recibieran suficientes dosis de castigo para aprender la obediencia. Así lo anota la historiadora del INAH en Sonora, Raquel Padilla Ramos, y advierte que para el sistema porfiriano era indispensable establecer este tipo de instituciones en lugares estratégicos.

Sonora fue uno de ellos ya que estuvo gobernado por un triunvirato prácticamente militar, bajo la justificación de las incursiones de indios apaches y las hostilidades de los yaquis. Se trató de un moderno edificio diseñado por el ingeniero Arthur Francis Wrotnowski, quien también participó en la construcción de los puertos de Veracruz y Tampico, así como el Palacio Municipal de Guaymas.

La obra arquitectónica está constituida por dos edificios, uno de ladrillo que durante los primeros años —cuando el inmueble funcionó como cárcel— albergó los juzgados, las oficinas de administración y las habitaciones del alcaide, máxima autoridad dentro de la penitenciaría. En tanto el edificio de piedra estuvo destinado para el área de prisión.

La solución arquitectónica del proyecto fue para su época de lo más moderna, dotando a las celdas de los servicios básicos de higiene y contemplando áreas para diversos talleres que permitiera al interno alguna actividad productiva. Funcionó como cárcel hasta 1979, quedando sus muros como mudos testigos de importantes momentos de la vida social y política del estado: la huelga de Cananea, la deportación de los yaquis, la persecución religiosa, el antichinismo, la Liga 23 de Septiembre y los movimientos estudiantiles. En 1957, ahí ocurrió el último fusilamiento que hubo en el país.

En abril de 1982, el INAH y el gobierno estatal convinieron darle un nuevo uso al histórico edificio, acordaron su restauración para la instalación del Centro Regional del INAH en Sonora y un museo sobre la historia del estado y su sociedad. El proyecto respetó la imagen original del edificio y las numerosas celdas fueron acondicionadas como espacios de exhibición, oficinas, laboratorios y talleres, de tal modo que hasta el día de hoy, al recorrer sus espacios se pueden apreciar el grosor de sus muros de piedra, los barrotes originales, las estrechas puertas y celdas con techos abovedados.

La Antigua Penitenciaría porfiriana abrió como museo el 12 de septiembre de 1985. Durante tres décadas no sólo ha resguardado el patrimonio cultural sonorense sino también ha desarrollado proyectos de comunicación educativa, divulgación de investigaciones y decenas de exposiciones temporales e itinerantes que lo mantiene como un museo vivo. En tanto su sede es considerada un importante patrimonio histórico y cultural de México y símbolo invaluable del norte.

A partir de junio de 2018, el INAH somete este inmueble histórico a un Macroproyecto de Renovación Integral del Museo Regional de Sonora y Reapertura de Servicios al Público de la Antigua Penitenciaría, que se traduce en la obra de rescate e intervención arquitectónica para el uso cultural más importante desarrollada por el INAH en Sonora, cuya primera etapa concluirá en diciembre próximo, informa el antropólogo Perea González.

La tarea de rehabilitación y renovación de la Antigua Penitenciaría, explica Perea González, se ha planteado en dos sentidos: por una lado, como un proyecto que enriquezca contenidos museológicos, incorpore nuevas colecciones, guiones actualizados a partir de investigaciones desarrolladas en los últimos 33 años, considerando tanto las aportaciones de investigadores del INAH como de otros centros de la región.

“Queremos ofrecer un museo de la gente de Sonora, donde los sonorenses se reconozcan no como espectadores sino artífices orgullosos de su pasado. A través de sus colecciones y museografía pretendemos un homenaje a la diversidad cultural de la región noroeste del país y particularmente del estado”.

Asimismo, se concibe como un proyecto de restructuración arquitectónica, sustentado en estudios que ha llevado a cabo la sección de Monumentos Históricos del Centro INAH Sonora, conjuntamente con las coordinaciones nacionales de Monumentos Históricos y de Obras y Proyectos del INAH. Este año, el proyecto se dirige a acciones emergentes y preliminares como son la rehabilitación del sistema hidrosanitario, de bajadas pluviales e instalación eléctrica, y en la renovación de los sistemas de control climático y de seguridad. En esta primera etapa se llevará a cabo la reapertura parcial de servicios al público y se restaurará una celda para mostrarla a los visitantes, informa Perea González.

Se da mantenimiento y rehabilita el sistema estructural de madera de las galerías, así como de puertas y ventanas y se mejoran los acabados en muros y pisos del edificio de ladrillo. Igualmente, en esta área se llevarán a cabo trabajos de adecuación de salas de exhibiciones temporales con acciones de mantenimiento correctivo, dotación de mobiliario e iluminación museográficos, además de los sistemas de seguridad y control climático. Las salas de exhibición temporal abrirán al público a finales de noviembre con la exposición México en el Patrimonio Mundial, menciona el arquitecto Zenón Tiburcio Robles, director del Museo Regional de Sonora.

El edificio de piedra volverá a alojar las salas de exposición permanente, como cuando se inauguró en 1985. Para tal efecto se trabaja en un nuevo programa museológico que estará sustentado en la diversidad cultural del noroeste, sus pueblos originarios y mestizos, respetando las diferentes etapas históricas, mientras tanto, investigadores de la región integran los guiones científicos.

Asimismo, se ha avanzado en el registro de colecciones, que se componen de cerca de tres mil piezas. Uno por uno, cada objeto ha sido fotografiado desde diferentes ángulos y se han elaborado sus fichas respectivas con descripción detallada de sus características físicas, técnicas, culturales, científicas y estado de conservación, a fin de facilitar su clasificación y reconocimiento. El registro del acervo actualizado conforme a las nuevas herramientas de registro de colecciones del INAH se integra a una base de datos nacional, informó Zenón Tiburcio Robles.

La primera etapa del macroproyecto concluirá en diciembre y ya están definidas las siguientes: la segunda, programada de 2019 a 2021, contempla la continuación de la intervención y restauración arquitectónica, principalmente del edificio de piedra, y la tercera, a realizarse de 2022 a 2024, concluirá el montaje museográfico de las salas permanentes y abrirá nuevas áreas de servicios educativos y culturales.

El Mamut de Ecatepec visita el desierto de Sonora

Cartel promoción mamutenSonora 1El 30 de agosto abre por primera vez al público sonorense, la exhibición de una osamenta completa y en pie de un animal de la Era de Hielo

La exposición Mamut: el gigante de la prehistoria es presentada por el INAH de manera itinerante en los principales museos del país

Mientras el Centro Comunitario Ecatepec, en el Estado de México, es reparado por los daños que sufrió con el sismo del 19 de septiembre pasado, su icónico morador desde 1995, la osamenta original de un mamut columbi —de cuatro metros de altura y más de 10,500 años de antigüedad— ha salido a recorrer los principales museos del país, llevando consigo, además de sus dos vistosas defensas, el conocimiento sobre su especie y una reflexión sobre la importancia del patrimonio paleontológico, en la exposición Mamut: el gigante de la prehistoria.

            El pasado sábado 11 de agosto llegó a tierras sonorenses, para inciar su montaje en el Centro de Visitantes de la Zona Arqueológica Cerro de Trincheras, en la región del desierto de Sonora, a más de 200 kilómetros de Hermosillo. La exposición abrirá al público el 30 de agosto.

La osamenta original de mamut compuesta por 132 piezas, 120 originales y 12 recreadas, montada en pie y acompañada con gráficos que detallan la existencia en su pasado prehistórico, es procedente de la Cuenca de México, fue rescatada, estudiada y ahora conservada por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).

En la población de Trincheras sólo hay escuelas de educación básica, una telesecundaria y un telebachillerato comunitario Cecytes. Con la apertura de la zona arqueológica en 2011, se generó la posibilidad de que la región contara con un espacio cultural de vocación educativa: el Centro de Visitantes está cumpliendo con ese fin. Es un foro que se ha ido construyendo con la participación de toda la comunidad.

A la par de la investigación, en Cerro de Trincheras el INAH trabaja un nuevo modelo interpretativo con el cual ha contribuido a fortalecer el tejido social de una población que ha sido víctima de la violencia, y ha logrado incidir con éxito sobre la necesidad de preservar el patrimonio como parte de su identidad.

Procedente de lo que fueron las orillas del lago Xaltocan, en el Estado de México, también en 1995 el Mamut de Ecatepec era montado para exhibirse de manera permanente en el Centro Comunitario. Su rescate fue realizado gracias a la comunidad que reportó el hallazgo al INAH, lográndose un exitoso rescate, pues el ejemplar conservó 80 por ciento de su esqueleto.

Al igual que en el poblado de Trincheras con su zona arqueológica, la participación directa de la comunidad de Ecatepec generó un ánimo de pertenencia con el ejemplar de mamut hasta convertirse en ícono del Centro Comunitario y su entorno social.

Del 30 de agosto al 28 de octubre de 2018, la población de Trincheras, especialista en la elaboración del rústico pero delicioso queso “cocido”, importante fuente de ingresos extra a sus labores de ganadería, trabajo en minas y comercio a menor escala, tendrá la oportunidad, por primera vez, de apreciar de cerca el esqueleto del gigante de la Era de Hielo, al igual que toda la población de Sonora, en especial el público infantil y juvenil con la idea de que encuentre en la cultura y la ciencia una opción de futuro.

Amplía ISC convocatoria para participar en el FAOT 2019

*Se extiende hasta el 22 de agosto de 2018

Hermosillo, Sonora, agosto 8 de 2018.- La oportunidad para que artistas participen en el Festival Ortiz Tirado 2019, el más importante del Noroeste de México, se amplía, así lo dio a conocer Mario Welfo Álvarez Beltrán, Director General del Instituto Sonorense de Cultura (ISC).

Manifestó que se extiende la fecha de registro en la convocatoria dirigida a creadores, grupos, compañías artísticas, así como a productores y promotores culturales, para que registren sus propuestas vía Internet, en la plataforma FAOT en línea.

“Con el fin de armar el mejor programa posible con artistas y colectivos de Sonora, México y el extranjero, ampliamos la fecha de registro hasta el 22 de agosto, ya que la edición que viene es la número 35 y tiene que ser especial” expresó.

Álvarez Beltrán indicó que se aceptarán proyectos de diferentes y diversas disciplinas artísticas: canto operístico, popular y coros, además de actos musicales de todos los géneros; propuestas de artes escénicas: danza, teatro y performance; artes visuales: arte urbano, digital, fotografía, instalación o video, y de artes plásticas: escultura, dibujo, pintura, cómic.

Las personas interesadas deberán realizar su aplicación mediante su registro en el portal del FAOT en línea, en el sitio oficial www.festivalortiztirado.gob.mx, con los datos generales del artista, propuesta o espectáculo, así como información de logística y contratación.

La selección de resultados para el FAOT 35 se publicará en la página del ISC www.isc.gob.mx y en la página web del Festival, en el mes de septiembre 2018. La resolución del Comité Organizador será inapelable.

Cualquier asunto no previsto en la convocatoria será resuelto por el Comité Organizador del Festival. Para más información, comunicarse a la Coordinación FAOT del ISC, de lunes a viernes de 10:00 a 14:00 horas en días hábiles, o al teléfono (662) 213 4411, extensión 227, o bien, al correo Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo..

Un niño mexicano de nueve años estudia Química en la universidad

niñoCarlos Santamaría cursará la primaria en línea para seguir con sus clases universitarias

Los pies de Carlos Santamaría Díaz no tocan el suelo cuando se sienta en el pupitre del salón.

En el pizarrón se entrevé una explicación sobre la composición de la proteína. Y todos sus compañeros parecen haber terminado, al menos, la licenciatura.

Carlos tiene nueve años y está sentado en un aula de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Todos los días, de cinco a nueve de la tarde, acude al diplomado de bioquímica y energía molecular en la Facultad de Química. Yo nunca me consideré el mejor de mi clase, pero sabía que era bueno Aprendió a leer a los tres años y a los cinco empezó su interés por la química.

“Tiene facilidad para procesar la información. Desde que tenía año y medio entró a maternal. Cuando le daban una letra, él quería todas, cuando le enseñaban un planeta, él buscaba todos”, cuenta Fabián Santamaría, el padre del niño universitario. Sus progenitores evitan utilizar la palabra "genio", y prefieren remitirse a los hechos: “Desde los cinco años era capaz de asimilar un libro completo de ciencia de nivel secundaria y aprendió la tabla periódica en un par de semanas”.

Carlos se quedaba dormido en sus clases normales y aun así, sacaba buena nota en todas las asignaturas, fue ahí cuando sus padres se dieron cuenta de que necesitaban encontrar algo más para su hijo. Así lo cuenta el propio niño con risa tímida: “Ninguna materia me costaba trabajo, pero ninguna me gustaba. Me aburría mucho”. Carlos aún no entiende por qué hay tantas cámaras que quieren escuchar su testimonio. “Estoy estudiando química porque es lo que me gusta... aunque a los tres años me gustaba más la astronomía”, puntualiza, sin ningún aire de grandeza.

Desde los cinco años mi hijo era capaz de asimilar un libro de ciencia de nivel secundaria El camino para encontrar un lugar donde Carlos pudiera sentirse realizado no fue fácil. Los padres sentían que las escuelas mexicanas le cerraban las puertas, les aseguraban que su hijo tenía una memoria fuera de lo normal, pero que no estaba comprendiendo sobre lo que hablaba. Así que decidieron viajar a Valencia, España, durante un año. La respuesta no fue muy diferente, salvo por una profesora de química que era jefa de un laboratorio en el pueblo valenciano de Alboraya. Esta mujer recibía a Carlos una hora a la semana y le ofrecía temas científicos elevados, los cuales devoraba. Fabián Santamaría recuerda las palabras que le dijo esta investigadora: “Me sabe mal que pierda el gusto por la escuela porque tiene la mente de un científico y en el colegio se va a aburrir. Tampoco es culpa de los maestros de primaria, no esperes que ellos entiendan temas de química que él ya sabe”. Su ingreso a la UNAM Con las palabras de la valenciana en la cabeza regresaron a su país natal, y fue cuando decidieron probar suerte en la UNAM. El padre acudió a la presentación de los diplomados donde solicitó poder inscribir a su hijo. El examen de admisión fue una entrevista con el doctor en ciencias químicas, Eduardo Rodríguez de San Miguel, a quien le bastaron 15 minutos para aceptarlo en el diplomado. “Me quedé impresionado. Le pregunté aspectos genéricos para intentar determinar qué tan capaz era. No es que sea un genio que sabe todo, sino que enfoca su atención en lo que le interesa. Cuando lo cuestioné sobre sus inquietudes, inmediatamente sacó temas de bioquímica”, cuenta el investigador. Los padres han decidido sacarlo de la escuela tradicional. Carlos comenzará a estudiar en línea su cuarto año de primaria, a través de un programa que encontraron en España. El 50% de la calificación son ejercicios trimestrales, y el resto, un examen que deberá presentar en la embajada española. Así, podrá seguir en el diplomado de la UNAM. “No sé qué quiero ser de grande, sólo sé que algo relacionado con la ciencia”, cuenta Carlos a quien también le gusta jugar con sus primos, andar en bicicleta y los videojuegos. “Sobre todo los de Mario Bros”, dice mostrando sus dientes que apenas terminaron de crecer. Juan Carlos Manrrique, de 38 años, ingeniero en bioquímica industrial y a punto de obtener el grado de doctor en ciencias nucleares, fue compañero de Carlos en el módulo de química analítica: “Entendía todo como cualquiera de nosotros, participaba y preguntaba como uno más”. Carlos, a quien le interesa sobre todo el origen de la vida, sabe que estudia temas que no son acorde a su edad: “Algunas cosas las entiendo muy rápido, pero en otras, como las operaciones algebraicas, me tardo un poco más”. Inquieto porque no sabe si le dará tiempo de comer su choco rol (bizcocho industrial) antes de entrar a clase, confiesa que siente muchos nervios durante las entrevistas, aunque, poco a poco, las cámaras comienzan a sacarle más risas. “Yo nunca me consideré el mejor de mi clase, pero sabía que era bueno”, concluye el niño universitario.

Inauguran exposición etnográfica De nomadismos y hospitalidades: comcáac y saharaui

El brillo del desiertoFotografías, indumentaria, utensilios y audiovisuales dan cuenta de la riqueza cultural de dos pueblos que aman profundamente su entorno

Es imposible vencer al desierto, pero a pesar de sus altas temperaturas, kilómetros de arena seca y aparentemente pocos recursos, es un lugar para la vida y la expresión cultural. Así lo han concebido dos grupos humanos que lejos de pretender dominarlo se han adaptado a él y lo aman profundamente: los comcáac (seris) que habitan el desierto de Sonora, y la nación saharaui, del Sahara Occidental, por lo que sus saberes y expresiones constituyen un patrimonio cultural de gran valor y una lección de sobrevivencia.

            En un intento por mostrar los puntos en común del pasado y el presente entre ambas culturas, tales como su antigua raíz nómada, la relación con el desierto, la memoria atribuida al mar y la lucha por defenderse del despojo de sus tierras, es que el Museo Nacional de las Culturas del Mundo (MNCM) abrió al público la exhibición etnográfica De nomadismos y hospitalidades: comcáac y saharauis.

El embajador de la República Árabe Saharaui Democrática, Ahmed Mulay Ali Hamadi, agradeció al Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) y al MNCM abrir las puertas de sus salas para mostrar al público mexicano durante tres meses a estos dos pueblos del desierto; dijo que la cultura es el medio para conocerse y mediante el cual podemos amarnos como seres humanos, y cuando eso sucede hay paz.

            En reciprocidad, el director general del INAH, Diego Prieto Hernández, dirigió un saludo, propio y a nombre de la secretaria de Cultura, María Cristina García Cepeda, en un museo que todos los días se viste con la diversidad, la riqueza y el diálogo multicultural entre los pueblos del mundo.

Recordó que para la antropología un problema fundamental a dilucidar es el que tiene que ver con la diversidad y semejanza entre los grupos humanos, y señaló que esta exposición se relaciona con tres conceptos que articulan esa pregunta sobre lo común y lo diverso: el desierto, el nomadismo y la hospitalidad.

El desierto, que es el medio con el que interactúan ambas sociedades para sobrevivir; el nomadismo, que apela a la condición que hemos tenido los seres humanos por lo menos durante 95 por ciento de nuestra existencia, desde que se desarrolló el Homo sapiens el planeta, porque la vida sedentaria es muy reciente, de no más de 7,000 años, por eso recuperar la tradición nómada es fundamental para entendernos y también para combatir a quienes pretenderían acorralar con muros, el impulso de los grupos humanos para moverse.

En tanto, el concepto de hospitalidad tiene que ver con la necesidad de recuperar los vínculos que han hecho que las sociedades se mantengan con lazos de reciprocidad, solidaridad, colaboración, fraternidad y vínculo amoroso. Más ahora, cuando el mundo hace frente a situaciones de violencia, inseguridad, guerra y expoliación. Celebramos esta exposición y la diversidad cultural del mundo, dijo Diego Prieto.

“Se dice que es imposible que nadie subsista en el desierto, con esta muestra hemos aprendido que sí; también aprendimos a cuestionar nuestra condición de sociedad sedentaria y nuestra estrecha manera de entender la hospitalidad: habitantes de dos desiertos, nos enseñan que hay formas de resistencia y hospitalidad diferentes y que conocerlas nos enriquece y nos transforma”, dijo Gloria Artís, directora del MNCM, al dar la bienvenida al recinto.

El recorrido museográfico es resultado del trabajo conjunto entre el Proyecto PAPIIT IN 402317 “Heteronomías de la justicia: nomadismo y hospitalidad en el lenguaje”, bajo la dirección de la doctora en filosofía Silvana Rabinovich, del Instituto de Investigaciones Filológicas de la UNAM, y el área de investigación del MNCM, quien estuvo en el presídium.

La exhibición presenta alrededor de 75 objetos, entre fotografías, indumentaria, utensilios y materiales audiovisuales, procedentes de los museos Nacional de Antropología, Regional de Sonora y colecciones particulares; destaca un textil comcáac elaborado con piel de pelícano que tradicionalmente se usaba para la cuna donde dormían los niños; así como una curda tejida con raíz de sahuaro, un cactus que abunda en Sonora, elaborada con tecnología ancestral en proceso de desaparición pues solo quedan dos indígenas que la saben elaborar.

Del pueblo saharaui sobresale un juego de té; la práctica de tomarlo tiene un gran simbolismo para este pueblo, que suele hacerlo cotidianamente como pausa para tener un espacio consigo mismo y compartirlo con los otros. La costumbre es tomar tres tazas pequeñas: la primera amarga, como la vida; la segunda dulce, como el amor, y la tercera suave, como la muerte.

La exposición cuenta con cuatro ejes temáticos: Nomadismo, entendido como otra forma de habitar el planeta; Desierto y vida, naturaleza y cultura, donde se analizan las consecuencias ecológicas en la vida de ambas naciones; Justicia, abordada desde la experiencia de los pobladores; y Hospitalidad, como una práctica ejercida a través del lenguaje y la traducción.

El recorrido está pensado en dos niveles, para ser interpretado por el público general e infantil. Primero, de forma clásica a partir de las obras, cédulas y materiales visuales. Segundo, a través de juegos, narraciones poéticas y cantos de ambos pueblos, dedicados especialmente para los niños visitantes.

En cuanto a los nomadismos hace una reflexión en torno la forma de vida nómada, no como primitiva, sino alternativa al sedentarismo de la época contemporánea. Entendiendo cómo esta condición genera otro tipo de economía, de comunicación entre las personas, de perspectiva de género y de escaso impacto medioambiental.

La exposición continúa con el desierto como un lugar para la vida y la expresión cultural. Visto desde la perspectiva de ambos pueblos, el desierto, el mar y todo lo que habita en ellos tiene una fuerte conexión con sus habitantes. Una relación de respeto y convivencia contraría a la sobreexplotación propiciada por la economía dominante actual.

Por su parte, la temática de justicia aborda la problemática saharaui, sociedad dividida por el muro militarizado más grande del mundo, el cual fue construido por Marruecos en 1980, despojando a los saharauis de su hogar legítimo y obligándolos a desplazarse hacia los campos de refugiados en el desierto de Tinduf.

Asimismo, se presenta un muro simbólico que representa el racismo y el abuso del “progreso” en el territorio de la comunidad comcáac en México. Quien se expone al megaextractivismo de su tierra y los riesgos de defender sus recursos naturales y formas de vida.

Por último, el eje de las hospitalidades gira alrededor de las costumbres de recibimiento de ambos pueblos. Jaimas, ceremonias de té, lecturas de poesía árabe, escuelas para todos, festividades de la comunidad, leyendas de tortugas y otras expresiones se muestran en la exposición.

El Museo Nacional de las Culturas del Mundo se ubica en calle Moneda N° 13, Centro Histórico de la Ciudad de México, a una cuadra del Metro Zócalo.


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